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viernes 26 abril 2019

Presentación del libro Síntesis de la Historia de Gipuzkoa

Durante la Prehistoria, Gipuzkoa fue una encrucijada de rutas dinámicas. Los historiadores se han encargado de desmentir el supuesto aislamiento de Euskal Herria y el conservadurismo de su población. Un ejemplo claro es la procedencia del sílex que ha aparecido en los yacimientos: Urbasa, Cuenca del Ebro, Salies-de-Bearn o Chalosse en las Landas.

En la Edad Antigua, queda suficientemente atestiguada la presencia romana. Gracias a la arqueología tenemos un mayor conocimiento del impacto de la romanización, a pesar de que no fue uno de los territorios más intensamente romanizados. Por el contrario, es irresoluble saber si los habitantes de Gipuzkoa se alinearon o enfrentaron a los romanos. En realidad, la historiografía se plantea la adecuación de Gipuzkoa, en cada momento, a las necesidades de Roma.

La Edad Media dio luz al concepto de Gipuzkoa que, como tal, aparece en 1025. En este período, la historiografía ha ido avanzando en el conocimiento y desentrañando algunos temas que han sufrido y siguen sufriendo un intenso debate: la incidencia de la peste negra, los orígenes del caserío, los inicios de la red parroquial, la conquista o incorporación de Gipuzkoa a Castilla en 1200, el supuesto triunfo de las elites urbanas sobre los Parientes Mayores, el proceso de consolidación de la hidalguía universal. En los últimos años la arqueología ha permitido un mayor conocimiento de la Alta Edad Media, de la que apenas hay documentación.

Gipuzkoa entró de lleno en la Primera Globalización a partir del siglo XV, formando parte y contribuyendo a la construcción del Imperio hispánico. Gipuzkoa, al igual que otras provincias vascas como Bizkaia y Araba participaron con hombres, víveres y armas en la conquista de Navarra en 1512. Hoy día sabemos que Gipuzkoa no “sufrió” la crisis del siglo XVII: si bien la Pequeña Edad de Hielo tuvo su impacto en el territorio vasco entre 1560 y 1630 y 1690 y 1730, el siglo XVII fue un período de transformaciones, adecuaciones y reconversiones, de reorganización de los mercados; se produjo una nueva división del trabajo y procesos de diversificación y especialización, gracias, por ejemplo, a la expansión del cultivo del maíz, que acabó con las crisis demográficas.

El siglo XIX presenció el proceso de industrialización y modernización de Gipuzkoa, a pesar de los numerosos conflictos internos y guerras sufridas. En ello también colaboró la importante aportación guipuzcoana al avance científico. Esos avances contrastaron con el mantenimiento de una “tradición”, que precisamente fue creada y alimentada en el siglo XIX, cuando se creó el arquetipo de la cultura y la idiosincrasia guipuzcoanas (y vascas): la identificación de la txapela, abarcas y blusa con lo típicamente y genuinamente vasco o guipuzcoano que, por desgracia, todavía hoy se mantiene, como si su origen se remontase a la noche de los tiempos.

Finalmente, el último período de la historia de Gipuzkoa ha venido marcado por la dictadura franquista y la violencia de diferentes signos durante la llamada “Transición”. Dos hitos importantes con los que termina de momento la actual historia de Gipuzkoa son el final de la lucha armada por parte de ETA y la capitalidad cultural de Donostia 2016.

Álvaro Aragón: Coordinador de la edición

 

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